Nuestro teatro a principios de siglo XX

Con el inicio del 900 surge la dramaturgia nacional, de la mano de autores como Florencio Sánchez y Ernesto Herrera. El primero con su obra mayor Barranca Abajo, y el segundo con El león ciego, elevaron con eficacia y arte a la dimensión dramática personajes reconocibles del mundo rural. También trabajaron, en otras piezas, una rica galería de tipos urbanos que constituyeron en su tiempo una verdadera "comedia humana". Ambos eran hijos del realismo decimonónico, y escribieron un teatro manteniendo por décadas gran popularidad.

La prematura muerte de Florencio Sánchez, nuestro mayor dramaturgo en la primera mitad del siglo XX, cristalizó en torno a su figura un sentimiento de veneración tal que hizo difícil -por mucho tiempo- tanto la visión crítica de su producción como la posibilidad del surgimiento de nuevos autores.

Mientras tanto, lo que se veía en Montevideo era casi todo de origen argentino. La compañía porteña de Paquito Bustos monopolizaba las temporadas del teatro 18 de Julio, y Florencio Parravichini fue un ídolo escénico en ambas orillas platenses.

En la década del treinta, el casi solitario esfuerzo de Carlos Brussa y su grupo -recorriendo el interior incansablemente- se constituyó en uno de los pocos medios para la difusión de buen teatro, con un repertorio que incluía a Sánchez y a Herrera pero además autores hispánicos, argentinos y del repertorio universal.

En 1937 surge Teatro del Pueblo, grupo considerado el punto de partida del movimiento de "teatro independiente" que años después iba a jerarquizar la escena uruguaya.

El 2 de octubre de 1947 nace -en la órbita del municipio de Montevideo- la Comedia Nacional, que estabilizó por vez primera en el país un elenco estable dedicado en exclusividad al teatro de calidad artística financiado por el Estado. Entre sus postulados fundacionales, uno de los más significativos era la difusión del autor nacional.

La Comedia comenzó su trayectoria con una obra uruguaya: El león ciego, de Ernesto Herrera.

Y uno de los éxitos más resonantes de toda su historia fue Procesado 1040, del también uruguayo Juan Carlos Patrón.


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